La cocina tenía un suelo de mármol frío, duro e inflexible. Y allí, sobre ese suelo helado, se sentaba la señora Rosario, una mujer de 72 años. Su cuerpo frágil descansaba inclinado hacia adelante, y sus manos temblorosas reposaban sobre sus rodillas. Delante de ella había un plato poco profundo, con restos de comida fría.
El suelo de mármol de la cocina era frío, duro e inflexible. Doña Rosario, de setenta y dos años, estaba sentada encorvada, con las manos temblorosas apoyadas sobre sus rodillas. Delante de ella había un plato con sobras —no del día anterior, sino de hace dos días: arroz pastoso, judías verdes y un trozo de…