Lloró: “No nos hagas daño.”
Momentos después, la mansión de los Harrington se convirtió en una pesadilla que nadie habría podido imaginar. Había pasado ya un mes desde que Samuel Harrington, un millonario que había construido un imperio inmobiliario, regresó a su enorme residencia en las afueras. Los interminables vuelos, las reuniones en salas de juntas y los encuentros nocturnos…